Como el Padre al Hijo

Copa VinoSabemos que el mundo del vino de por sí, es muy subjetivo. Precisamente, desde Tierra Nuestra, intentamos conseguir todo lo contrario: hacerlo objetivo en todas aquellas situaciones en las que sea posible. Nuestro artículo se basa en una serie de pautas de comportamientos que se producen a la hora de consumir vino.

Unas normas que con frecuencia van ligadas a tres modelos de consumidor: Aficionado, No Aficionado y por último, El Engreído.

El Aficionado

Este tipo de consumidor sí es coherente con la inmensidad del mundo del vino, afirmará a menudo que no entiende de vinos, mientras por otro lado se sumergirá en la aventura de descubrir los mejores vinos que su paladar pudo probar. Su afán incansable en la búsqueda de nuevos retos, será condición imprescindible.

Suele buscar el vino en establecimientos especializados e incluso se pone en contacto con las bodegas, por lo que habitualmente va un paso más allá de los canales habituales de compra.

Tiene un vino para cada ocasión, momento y precio. Sus vinos dependerán de cada celebración y siempre disfrutará con la idea de crear su propia experiencia lo que se convertirá en una aventura enológica y personal.

Siempre que tenga en mano una botella, se demostrarán sus conocimientos, pero desde una visión humilde, sin presumir. Tomemos como ejemplo a un señor en un restaurante que comparte una comida con la familia. Cuando el maître se le acerca, tomará una postura cordial y educada.

CatadorNunca le importará que el camarero le ponga la botella de vino en una cubitera, sabrá que es necesario.

Conoce a la perfección si el vino es bueno o malo, independientemente de la zona de origen. Y siempre buscará la relación calidad-precio, aunque muestre debilidad por alguna zona de producción o un tipo de vino en concreto.

No suelen interesarle los premios que con frecuencia se celebran en el mundo del vino. Éste consumidor leerá artículos, buscará revistas especializadas y se preocupará de conseguir datos sobre la tendencia del mercado. No se guía por cualquier pauta, sabe lo que quiere y lo busca.

Abrir una botella de vino, se convierte en un auténtico ritual. Como ejemplo, imaginemos el señor que prepara una cena romántica para su mujer. Elige con mimo el vino, ambienta la casa con luces tenues y velas. Manda a los niños al cine y escoge las mejores copas para celebrar ese aniversario como si fuese el último. Todo, preparado con mucha delicadeza.

Por otro lado, no sólo elige el tipo de vino, sino también el tipo de uva. Distingue el vino por su tipo: vino joven, crianza o rosado, para su momento oportuno. No tiene predilección, pero se forja una personalidad en torno a la uva, conociendo que es un factor determinante a la hora de elaborar un vino.

Después de acercarse el vino a la nariz y haberlo probado, define el bouquet como las sensaciones que le recuerdan a un momento concreto de su memoria, sin entrar en expresiones barrocas. Alcanza a dar descripciones sobre matices primarios, secundarios y terciarios.

No Aficionado

Siempre exclamará que no entiende de vinos y basará todo su conocimiento en “me gusta o no me gusta” pero realmente lo que sucede es que su paladar no ha tenido la suerte de probar un abanico amplio de vinos.

Suele adquirir el vino en supermercados, no sigue ninguna pauta en especial, compra muchas botellas porque se lo ha recomendado “un entendido” y se estanca en el mismo tipo de vino por precio o estilo.

Consume vino normalmente de su zona de hábitat, principalmente de la Rioja o Ribera del Duero. Pero por otro lado, disfruta como el que más de un vino a temperatura ambiente… en un chiringuito de Matalascañas.

No tiene intención de indagar en revistas y artículos. Su fuente de información son los amigos que él considera “entendidos” y en este caso, sí le llama la atención los premios.

VinosCuando descorcha una botella no es algo planeado, sino casual y piensa “El cuerpo o la ocasión me pide beber vino, pero si no hay, tampoco pasa nada”. No suele buscar un vino para un momento determinado. Como ejemplo, tomemos la pareja que descansa en el jardín de su casa. El señor se dirige al frigorífico para coger una botella de vino bien fria. Al llegar de nuevo al jardín la pone en la mesa, con tan mala suerte que uno de sus hijos la golpea con una pelota y la hace añicos. “No pasa nada, tengo dos botellas más” piensa, aunque sean distintos vinos.

No se fija en el tema de la uva, le es indiferente, aunque si ha de quedarse con alguna siempre preferirá la uva tempranillo.

Se acerca el vino a la nariz y cuando percibe los aromas de un vino joven por ejemplo, rápidamente expresa “que buen bouquet”. Es capaz de captar aromas primarios y quizás algún que otro secundario.

El Engreído

Es el típico consumidor que piensa que conoce mucho acerca del mundo del vino, pero no es cierto y además alardea de esa idea. Son muy quisquillosos: suelen echar atrás algunos vinos y oler el corcho.

Nunca le gustará un vino que le recomiende un sommelier y en el rechazo pide otra botella que es peor que la que le ofrecieron desde un principio.

El engreído nunca llega a ser un buen aficionado. Suele «meter la pata a menudo» o habla sin precisión.

Y con este último apunte, dejamos de definir al engreído… consideramos que es suficiente y está todo dicho.

 

 

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