Diario de un aficionado al vino: Cómo no te voy a querer

Diario de un aficionado al vino: Cómo no te voy a querer

Es en las cenas tranquilas, entre semana, cuando resulta más difícil elegir un vino. No se trata de un menú, donde la opción básica encaja perfectamente, ni de la reunión del sábado, con los amigos, en la que se permite una botella de gama alta como el que se cuelga una medalla para recordarse que no se trata de un momento cualquiera, sino la meta del sábado que se cruza entre los primeros.

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Diario de un aficionado al vino: Cómo no te voy a querer

Las cosas son diferentes un miércoles en un restaurante con pocas mesas ocupadas y los camareros mandando mensajes desde sus móviles. Es posible que hasta el cocinero esté sentado en una mesa pasando lentamente las páginas de un libro con un cuchillo afilado al lado para atender cualquier urgencia que pueda aparecer durante su guardia. El murmullo de los fluorescentes, el brillo metálico de las escamas, la blanca lámina de luz sobre la encimera.

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Diario de un aficionado al vino: Cómo no te voy a querer

Lo raro es que hayamos terminado aquí, pero la sucesión de pequeños empujones que nos ha traído hasta este restaurante empieza con una tarde libre, el optimismo de corto recorrido de los escaparates iluminados, una cala de primavera en la costa del invierno, una obra de teatro con cuatro actores que disfrutan de su trabajo, dos copas de vino, una serie de locales con las mesas ocupadas y camareros esquivando los respaldos de las sillas como si estuvieran afilados. ¿Y por qué nosotros no?

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Diario de un aficionado al vino: Cómo no te voy a querer

Ante la carta me lo pienso. Si me quedo corto es posible que la cena no remonte, como si bastara con quitarle un cero a la descripción de un motor para reducir su potencia. Si me excedo corro el riesgo de aumentar la vaga culpa que sentimos al permitirnos esta cena  aquí sin que haya un motivo claro, existiendo tantas y tan variadas maneras de gastar este dinero sin rastro de placer ni de culpa. En ambos casos cumpliremos el trámite con eficacia, sin más.

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Diario de un aficionado al vino: Cómo no te voy a querer

Elijo un vino que se encuentra en la gama media de la carta. Cuando el camarero se acerca para saber qué vamos a beber me gustaría explicarle nuestra situación para que solucionara el problema por nosotros, pero hay que madurar. Este, le digo, y se marcha. Al rato vuelve con la botella. Me sirve un poco en la copa y espera mi reacción. El vino está a la altura de lo que necesitamos de él. Jamás aparecerá en los primeros puestos de las clasificaciones ni se venderán millones de botellas. Pero ahí está, como esos jugadores del centro del campo que son capaces de unir las líneas con su juego. Si siempre hay un vino apropiado para cada situación, cómo no te voy a querer.

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