Diario de un aficionado al vino: El borracho de Vivaldi

Diario de un aficionado al vino: El borracho de Vivaldi

En el otoño de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi hay un borracho. No lo sabía, aunque es lo lógico, en esa etapa del año en la que se ha recogido la cosecha y las uvas se amontonan, demasiadas para comer.

-¿Qué hacer con ellas? – Pregunta Ara Malikian a los niños que llenan el Teatro Lara.

-¡Venderlas! – grita uno. Y Malikian lo señala con el arco del violín. No sé si admirando o lamentando esa respuesta.

-Se pueden vender, claro, ¿pero qué otra cosa se puede hacer con las uvas?

-¡Vino! – gritan los niños.

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Diario de un aficionado al vino: El borracho de Vivaldi

En el escenario, acompañado de un violonchelo, una viola y otro violín, Malikian ha empezado a las doce de la mañana un concierto para descubrir qué hay detrás de la música de Vivaldi. Los músicos se van deteniendo cada poco tiempo para que una actriz, Marisa, vaya leyendo los textos que detallan lo que va narrando la música.

Aprendemos que la primavera era la época favorita de Vivaldi, que el calor del verano le agobiaba y que detrás de las notas del otoño tenemos que imaginarnos a los campesinos celebrando las cosechas y a ese borracho que, con demasiado vino en el cuerpo, apenas se mantiene en pie.

Ese borracho ahora es Malikian, que, con los ojos cerrados, se tambalea de un lado a otro, según le soplan los demás músicos. Quiere descansar un poco, pero, a una señal de Marisa, los niños le gritan que se despierte y él se ve obligado a ponerse en pie. Intenta volver a tocar, incapaz de colocar el violín en su sitio con unos brazos que no lo obedecen. Tras insistir varias veces, consigue estar listo para seguir con el concierto.

El propio Vivaldi, en los sonetos que escribió para los distintos movimientos, lo cuenta :

“Celebra el aldeano a baile y cantos / de la feliz cosecha el bienestar, / y el licor de Baco abusan tantos / que termina en el sueño su gozar”

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Diario de un aficionado al vino: El borracho de Vivaldi

Al terminar el movimiento, Malikian les recuerda a los niños que acabar borracho no está bien, que hay que cuidarse. Claro. Cierto. Pero afortunadamente las palabras llegan un poco tarde y es difícil que se impongan a la imagen del borracho somnoliento pero simpático que es capaz de sobreponerse para seguir compartiendo su música. Los borrachos no van a desaparecer, así que, cuando coincidan en el futuro con ellos, que los niños puedan compararlo con el que hoy han visto. El que trae las conexiones con el trabajo, la cosecha, la fiesta, el baile, el bienestar, el virtuosismo y la música. Y el que no.

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