Diario de un aficionado al vino: El crítico fiel

Diario de un aficionado al vino: El crítico fiel

A veces hay que sacar la copa de vino a un escenario distinto para probar el maridaje con el paisaje, que es algo que no se tiene en cuenta. En general, todas las descripciones de un vino tienen ese toque de laboratorio que no se repite en la vida real, que suele ser ésa que no coincide con lo esperado, y basta con llevarse el mismo vino a una terraza frente a una montaña nevada, con un sol limpio y esos sinuosos puntos de colores bajando por la pista, para que todo lo escrito se quede en papel mojado.

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Diario de un aficionado al vino: El crítico fiel

Sería interesante que existiera la figura de un crítico fiel, dedicado eternamente a un único vino, que lo probara continuamente en todos los escenarios de su vida, en diferentes momentos, en distintos estados de humor, solo y acompañado, en una barra o sentado en una piedra, recién duchado o con barba de varios días, chateando o haciendo una pausa en una lectura de Flaubert. Sería como un crítico de cine que no dejara de ver “Leolo” una y otra vez para añadir matices a sus críticas, para retractarse de algo dicho o para revelar una nueva interpretación, para repudiarla o para ensalzarla más.

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Diario de un aficionado al vino: El crítico fiel

Esta idea, como todas las peregrinas, utilizando un adjetivo apreciado por las madres, se me ocurre en una terraza de la estación de esquí mientras apuro la que no será la última copa de un vino al que normalmente no le dedico grandes adjetivos y que aquí, justo ahora, recibe varios y amplios elogios. Tal vez sea porque es un vino de la tierra y, de alguna forma, a la uva le sienta bien verse rodeada por un paisaje que le resulta próximo.

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Diario de un aficionado al vino: El crítico fiel

Y es posible que, en contraste, otros grandes vinos no encajaran aquí, al demandar una atención que no se les puede dedicar porque la cabeza está en otras cosas. Esos vinos que exigen ser el titular y la portada cuando lo que ahora se persigue es otra cosa. Una copa como ésta con la que cada sorbo sirve para subrayar los detalles que se van presentando y reconocerles así su valor. El niño pequeño que baja confiado. El contraste entre el moreno de la piel y los ojos claros de una mujer. El ramillete de esquís. El suave avance del telesilla. El trazo que rompe la limpieza de una ladera. El sol en la cara. La copa en la mano.

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1 respuesta a Diario de un aficionado al vino: El crítico fiel

  1. juande moreno dijo:

    mas que maridarlo con el paisaje me parece que usted habla de un vino en concreto, por supuesto que el vino al ser producto de la tierra depende del entorno el cual incluye al paisaje y si ese vino es de la zona tendra recuerdos de las montañas nevadas de su alrededor. Seguro que la diferencia de temperatura entre el dia y la noche vienen proporcionadas por esas montañas nevadas dandole a la uva de su vino un toque especial.
    Los amantes del vino somos unos melancolicos que en cualquier lugar vemos una perfecta combinacion para disfrutar del vino.
    http://lamanzanadeoro.es/index.php

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