Diario de un aficionado al vino: El diagnóstico definitivo

Diario de un aficionado al vino: El diagnóstico definitivo

En la cola de entrada al restaurante chino hay una mujer que cuenta los comensales para calcular el precio que tienen que pagar. Como la cosa va despacio, aprovecho para tirar un poco de la memoria. Recuerdo otro restaurante en una de las orillas del Támesis en el que también tuvimos que pagar por adelantado. Les digo a los dos niños con los que acabo de salir de ver la fallida “Los Minions” que tengan paciencia, que al fin y al cabo son ellos los que han elegido el local, y asienten y siguen con sus bromas privadas, muertos de risa.

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Diario de un aficionado al vino: El diagnóstico definitivo

Antes de que llegue nuestro turno, una compañera de la que atiende la caja le trae una botella de vino con el sacacorchos clavado. La botella tiene una etiqueta arañada y parcialmente arrancada, como si hubiera hecho el viaje de ida y vuelta en una de las carabelas de Colón, y, cosas del destino, hubiera aparecido ahora. Lo del sacacorchos tiene mala pinta y así se lo hace saber en la explicación en chino que una le da a la otra y que puedo ir traduciendo por los gestos de la que está en la caja, que viene a decir, más o menos, mira el tamaño de la fila, estoy hasta arriba de trabajo y me traes un problema más del que tengo que ocuparme. Cuando estamos cansados, nos expresamos en un lenguaje universal.

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Diario de un aficionado al vino: El diagnóstico definitivo

La chica me cae bien porque, después de desahogarse, coge la botella con el sacacorchos. La compañera, que ya sabía que iba a actuar así, se marcha corriendo a incorporarse en esta maquinaria que asegura que todos los que salimos del cine tengamos una mesa limpia y lista esperándonos y unas bandejas con comida de las que servirnos una y otra vez. La experta en sacacorchos estudia la situación: gira un poco el sacacorchos, pasa el dedo por la parte de arriba del corcho y levanta la botella para mirarla como si fuera una radiografía.

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Diario de un aficionado al vino: El diagnóstico definitivo

Y entonces vuelvo a Inglaterra de nuevo. Esta vez a la consulta de la clínica veterinaria de Noel Fitzpatrickr, un experto al que los demás veterinarios de Inglaterra mandan sus casos con los animales cuando ya no pueden hacer nada más por ellos. Fitzpatrickr es un tipo que mantiene una sonrisa y una palabra de ánimo a pesar de que, como se ve en los capítulos de la serie que se ha emitido sobre él, ande continuamente en el filo del agotamiento. No debe ser fácil ser la última esperanza del dueño de una mascota que te entrega su vida. A pesar de la presión, él parece encontrar siempre la forma de arreglar un hueso roto después de darle un par de vueltas, como si la realidad fuera un eterno desafío de Moriarty que solo pudiéramos superar actuando como Sherlock.

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Diario de un aficionado al vino: El diagnóstico definitivo

La chica agarra el cuello de la botella con una mano mientras gira el sacacorchos con la otra. Se queja en chino en voz baja. Veo cómo salen pequeños trozos de corcho conforme tira de él con una mezcla de fuerza y de determinación. Insiste hasta que, por fin, consigue sacarlo. Grita a su compañera levantando la botella para que la vea. Entonces nos mira y nos señala a cada uno con el índice. ¿Cuántos años los niños?

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