Diario de un aficionado al vino: El vaso de agua

Diario de un aficionado al vino: El vaso de agua

La reunión va muy bien. Los primeros han sido un acierto y los segundos están ya sobre la mesa. El grupo, que por fin ha logrado reunirse después de mucho tiempo (los abuelos con los niños: macarrones y Disney Channel en pijama antes de irse a la cama) va saltando de tema en tema. Lo importante es hablar sabiendo que pueden dejarse fuera esos filtros que durante el resto de la semana impiden que las frases fluyan. Quedar es abrir las ventanas.

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Diario de un aficionado al vino: El vaso de agua

Ya se han bebido dos botellas y todos asienten cuando se pide la tercera. La camarera la descorcha con eficiencia, mirando a un punto lejano para demostrar su virtuosismo. La deja en la mesa como la señal que marca la distancia recorrida. Todas las copas son servidas otra vez por el encargado de la mesa, que ya sabe hasta qué nivel le gusta a cada uno tenerla. Con el fuego del vino se calienta la conversación.

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Diario de un aficionado al vino: El vaso de agua

Pero de repente uno del grupo se echa hacia atrás y ocultándose detrás de quien tiene al lado, le hace una señal a la camarera y le pide una botella de agua. La camarera sabe interpretar ese gesto y tarda un segundo en asentir. Un par de segundos. Mira al resto de la mesa y percibe que ninguno se ha dado cuenta. Están unidos por una charla que les ata porque les permite ser libres. Después de todos estos años ya está todo dicho, pero lo que importa no es lo que se dice, sino cómo.

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Diario de un aficionado al vino: El vaso de agua

A la camarera le gusta servir en una mesa como ésta en la que todos los elementos han ido encajando y en la que, si se lo permitieran, se sentaría a formar parte. Nadie está ahí para venderse, sino para reafirmarse exponiendo precisamente todo aquello por lo que en el resto de la semana se le critica. No es casualidad que haya tardado tan pronto en atender las peticiones de una nueva botella de vino porque se trata de mantener viva esa mesa en la que se ha producido el pequeño milagro que en las demás se ha perseguido sin mucho éxito.

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Diario de un aficionado al vino: El vaso de agua

Sabe también que en cuanto se presente con la botella de agua y alguien se sirva un vaso los demás interpretarán ese hecho como el aviso del comandante que anuncia que el avión está ya cerca de su destino. Que hay que apagar los dispositivos, ponerse el cinturón, colocar el respaldo en posición vertical y devolver la bandeja a su situación inicial. Basta un pequeño vaso para apagar el mayor de los fuegos. La camarera se hace la remolona y decide retrasar la botella del agua hasta el siguiente aviso. Alegará que se le ha olvidado. Que las otras mesas atraían su atención. Ya verá.

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