Diario de un aficionado al vino : Sin la urgencia de la espuma

Diario de un aficionado al vino : Sin la urgencia de la espuma

Cuenta Christian Salmon en “Storytelling” que los artículos, ahora, deben llegar al mercado precedidos por una historia. Eso lo saben bien en la pizzería a la que acudimos: nada más sentarnos en la mesa, nos recibe una chica que nos cuenta que las pizzas han sido diseñadas por el cuatro veces ganador de pizzas del mundo, que la masa tiene mucha agua y que por eso es más fácil de digerir, que tienen un horno exclusivo capa de hacer pizzas de hasta dos metros. Lo dice todo con precisión de azafata y después se marcha a la cabina.

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Más tarde, el cerebro va espolvoreando todo eso que hemos escuchado sobre lo que comemos. Ni la vista ni el paladar son independientes y es bastante probable que la percepción de lo que tenemos en el plato fuera distinta si nadie nos hubiera dicho nada.

Pero tampoco me parece mal. Con el tiempo se descubre que lo más importante de una comida es la propia historia que se crea alrededor. O se asume de forma pasiva o se desarrolla a partir de lo que se va viendo y escuchando. Lo que hay en el plato se convierte en un elemento relevante, pero no el único, ni siquiera el más importante.

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Las otras mesas son significativas. Es la comida de un sábado y eso se nota en el ambiente, cálido y bullicioso. En una mesa, cuatro chicas celebran el decimocuarto cumpleaños de una de ellas con una pequeña tarta de chocolate. En otra, alargada, se reúne una gran familia, con los niños en un extremo y una pareja de ancianos en el otro. De un vistazo se puede seguir su genealogía.

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En la mesa ya han servido las bebidas. Refrescos, muchas cervezas y, en el extremo, las dos copas de vino de los abuelos. El responsable de marketing de una bodega negaría al ver la mesa, pero no hay que ponerse muy dramático. Es cierto que esas dos copas no son un ejemplo de cantidad, pero sí de calidad. De todos los que están ahí reunidos, ellos son los que, seguro, más aprecian lo que tienen, los que, para celebrarlo, se piden esa copa de vino que asienta mejor el momento y permite asomarse como desde un puente a la historia que fluye por la mesa sin esa urgencia que la cerveza parece llevar en su espuma.

El humo de las velas que ha apagado la chica se mantiene alrededor de las cuatro amigas un buen rato.

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