¿Qué copa elegir para cada vino?

Al contrario de lo que siempre se ha creído, una copa es mucho más que un recipiente dónde descansa nuestro vino, es el broche de oro a la elección que se haya realizado y la máxima expresión de la esencia final de un largo proceso que comenzó en los viñedos y culmina ante nosotros.

El vino necesita encontrar el hueco idóneo dónde expresarse. A través de la copa el consumidor podrá oler los aromas más recónditos, los toques más sutiles y saborear la textura plena del vino. Cada vino necesita de una copa distinta que garantice su degustación, no defraude a la persona que está delante y lo más importante es que se perciban las sensaciones ante su puesta en escena.

Para hablar de la variedad de las copas de vino es necesario hablar de Claus Riedel, el primero que diseñó su forma adaptándola a las características del vino dependiendo del tipo de vino, variedad de uva, zona de elaboración… donde la filosofía gira en torno a un lema “El contenido determina la forma”. Sus copas de una calidad excepcional, afinan con gran precisión todos los aspectos de la cata.

Toda copa de vino necesita cumplir una serie de requisitos indispensables:

1. La copa debe ser lo suficientemente grande y amplia para que al llenarse un cuarto de la misma, contenga una cantidad generosa de vino y permita liberar su aroma.

2. El borde debe ser fino y cerrado para controlar la orientación y su contenido.

3. El material debe ser de cristal o vidrio delgado y transparente sin labrados ni ningún tipo de artificio, de esta forma se podrá observar el color y la pureza del vino.

4. El pie de la copa debe ser lo suficientemente largo para poder sostenerla sin transmitir al vino el calor de la mano.

Copas para vino tinto y vino blanco

La variedad para ésta clasificación es muy amplia en el mercado, sin embargo entre las principales para vino tinto están las copas de Borgoña y Burdeos. La primera tiende a abrirse en la boca para dirigir el vino hacia la punta de la lengua, siendo más adecuado para vinos ácidos. La segunda, dirige el vino hacia la lengua y armoniza las notas frutales y los taninos con la acidez. Es una copa muy amplia y está preparada para oxigenar los vinos tintos muy elaborados como Cabernet o Merlot.

Copa BorgoñaCopa Burdeo

 

 

Para los vinos blancos la más habitual es la copa Chardonnay. Es una copa más baja que las utilizadas para vino tinto y de apertura más cerrada. Está diseñada para resaltar las finuras de los vinos blancos y la acidez moderada. Ésta copa dirige el vino a la parte trasera de la lengua, haciendo infinita su degustación.

Copa Chardonnay

Copas para Cava

Se caracteriza por ser una copa alta y estilizada. Está diseñada para observar el tamaño de la burbuja. La longitud y estrechez prolongan la efervescencia y ayudan a preservar su temperatura fría.

Copa Cava

Copa para Vino de Jerez

Se debe emplear un “catavinos”. Se trata de la clásica copa alargada en forma de flauta de tamaño medio que se estrecha. También se suele emplear (sobre todo con la Manzanilla) un vaso cónico pequeño. Sin embargo, lo más aconsejable es usar el catavinos, ya que se impide que el vino tome la temperatura de la mano. No debe llenarse más de 2/3 de la misma.

Copa Jerez

Copa vinos dulces

Tiene una forma ligeramente arqueada para resaltar los olores a frutas muy propios de éstos vinos. La copa reafirma y unifica la acidez, proporcionando un exquisito terminado.

Copa Vinos Dulces

Nunca Se Debe…

Existen prácticas que nunca deben realizarse, pues quedan muy poco ortodoxas y correctas.

-Emplear copas o vasos de color. Utilizarlas impide apreciar todas las cualidades que regalan los vinos.

-Usar copas o vasos tallados. Impide que el vino pueda destilar sus colores y brillos, como debería.

– Mojar la Copa antes de servirla. Es una costumbre extendida en el sur con el objetivo de enfriar el vaso, como sucede con la cerveza. En el caso de la cerveza Sí es correcto, puesto que impide la formación de espuma en las paredes del vaso y también para bajar la temperatura.

-Emplear copas de diseño extremadamente atrevido o servir el vino en vasos o copas de plástico. Ambas costumbres son muy habituales en determinadas fiestas, sin embargo esto no es sinónimo de buen gusto ni corrección.

 

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