¿Qué es la relación calidad-precio en un vino?

 

Esta reflexión, como otras tantas veces, nace en un debate durante una comida entre profesionales del sector y, cómo no, solamente nos pusimos de acuerdo en lo más esencial. Existen vinos muy buenos a muy buen precio y no tienen por qué costar más de 10 euros para ser considerados excelentes en esta relación calidad-precio.

La verdad es que en mis disertaciones, tanto escritas como habladas, suelo recurrir a esta relación, más por lo que puede llegar a entenderse que por lo que realmente significa. También suelo utilizarla cuando me encuentro entre amigos que no son consumidores avezados en este mundo. Y debo confesar que normalmente la utilizo para no llevar la contraria sobre vinos de los cuales me preguntan. Estos suelen ser baratos y estar lejos de mis preferencias, pero algunos están convencidos de que se encuentran ante un gran vino porque su precio, sobre todo, es bajo.

Por otro lado, también debo confesar otra cosa: yo no soy creyente de esta gran expresión tan recurrente y utilizada más de la cuenta. Un vino es bueno por la satisfacción que nos produzca, independiente de su precio. El tema de cómo se llega al precio en el mercado de un vino es algo más que complicado y deben analizarse muchos factores.Daría para muchos artículos.

Creo que la obsesión por parte de muchos consumidores –normalmente malos catadores y no muy aficionados– por encontrar y sorprender a amigos con algún que otro vino desconocido y económico, quizás para excusarse ya desde el inicio del encuentro de su baja afición, es uno de los hechos que más han fomentado la expresión «calidad-precio». Estoy más que seguro.

Soy de los que defienden la idea de que no hay una relación entre la calidad y el precio en un vino. Y es que ya es muy complicado tener que catar un vino como para, además, tener que valorarlo en relación al dinero que hemos tenido que pagar para su adquisición.

El precio, en un momento dado, por comparativa en el mercado con otros vinos, podemos llegar a cuantificarlo. Y puede hacernos inclinarnos por un vino o por otro, pero ¿cómo medimos la calidad? O ¿es quizás medible cuantitativamente? ¿No son percepciones organolépticas individuales y únicas? En mi opinión, la calidad es algo inmedible, no corpóreo, aunque sabemos que existe y hay vinos unos más caros que otros. Lo que realmente me gusta cuando encuentro un vino que me emociona, por mi experiencia, es calcular cuánto estaría dispuesto a pagar por él y qué vinos conozco a ese mismo precio. Que es muy distinto que justificar el placer, cuando nos referimos a él como ‘la calidad’, por su precio de compra. Sólo os puedo garantizar que, si queréis dar respuesta a esta cuestión, en el matiz está la respuesta.

Y dicho todo esto, no significa que no me haya sorprendido algún que otro vino más que económico. De la misma forma que me he llevado alguna que otra decepción con vinos más bien caros.

Os invito, de cualquier manera, a buscar en Internet las múltiples reflexiones que existen bajo un gran popurrí de experimentos que intentan científicamente justificar estos hechos.

Y como no podría ser de otra forma, hoy traemos a la mesa de cata uno de esos vinos que tienen una magnífica relación calidad-precio…

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